Mercari y Kashima Antlers: la adquisición que modernizo al club más exitoso de la J-League

Estadio de fútbol japonés moderno con gradas llenas y campo de césped verde

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Cuando en 2019 se anuncio que Mercari — una empresa tecnológica de comercio electrónico, no un conglomerado industrial ni un magnate del fútbol — había comprado el 61,6% de las acciones de Kashima Antlers por 1 600 millones de yenes (unos 14,7 millones de dólares), la reacción general fue de escepticismo. Yo mismo, que llevo una década siguiendo la J-League, me pregunte si una startup de aplicaciones móviles tenía la visión necesaria para gestionar el club más laureado de Japón. Seis años después, con un noveno título de liga en la vitrina, la respuesta es bastante clara.

Esta es la historia de como una transición de propiedad que parecía arriesgada acabo siendo el catalizador que Kashima necesitaba para volver a la cima.

De Nippon Steel a Mercari: la transición de propiedad

Para entender lo que significo la llegada de Mercari hay que conocer lo que había antes. Kashima Antlers nació como equipo corporativo de Sumitomo Metal Industries, que en 2012 se fusiono con Nippon Steel. Durante décadas, el club operó bajo el paraguas de una siderúrgica — un modelo típico del fútbol japonés de posguerra, donde las empresas financiaban equipos como herramienta de bienestar para empleados, no como negocio deportivo.

El modelo funcionó durante los años dorados. Nippon Steel apoyo al club mientras Kashima acumulaba títulos entre 1996 y 2009. Pero la relación empezó a deteriorarse cuando el acero dejo de ser la industria pujante que había sido y la empresa matriz recortó inversiones. Kashima seguía ganando — el título de 2016, la AFC Champions League de 2018 — pero el modelo de financiación estaba agotado. El club necesitaba una inyección no solo de dinero, sino de mentalidad empresarial moderna.

El desgaste fue gradual, no repentino. Nippon Steel seguía aportando fondos, pero la filosofía era la de una empresa industrial que veía el fútbol como un gastó, no como una inversión. Las decisiones se tomaban con la cautela de un consejo de administración siderúrgico, no con la agilidad que el mercado futbolístico exige. Cuando otros clubes de la J-League empezaron a modernizar sus estructuras comerciales y digitales, Kashima se quedó rezagado en esos ámbitos pese a seguir siendo competitivo en el campo.

La venta a Mercari se cerró en agosto de 2019. La cifra — 1 600 millones de yenes por una participación mayoritaria — puede parecer modesta comparada con los estándares europeos, pero en el contexto de la J-League fue una operación significativa. Mercari no era un inversor pasivo que buscaba retorno financiero; era una empresa tecnológica japonesa con ambición global que veía en el fútbol un vehículo de marca y expansión digital.

Lo que me llamo la atención desde el principio fue la diferencia filosófica entre los dos propietarios. Nippon Steel gestionaba Kashima como una división más de su estructura corporativa: presupuestos ajustados, decisión lenta, aversión al riesgo. Mercari, nacida en el ecosistema de las startups de Silicon Valley japonés, trajo velocidad, datos y una obsesión por la experiencia del usuario que aplico tanto al producto digital como al estadio.

Que cambió con la llegada de Mercari: inversión y estrategia digital

Siempre que analizo operaciones de compra de clubes de fútbol busco indicadores concretos de cambio, no promesas. Con Mercari, los indicadores aparecieron rápido. El primer movimiento visible fue la digitalización integral del club: nueva app para aficionados, venta de entradas optimizada, contenido audiovisual profesional, estrategia de redes sociales con metricas de engagement. Suena básico para un club europeo, pero en la J-League de 2019 era vanguardia.

La inversión en la plantilla también cambio de registró. Mercari no convirtió a Kashima en un club de fichajes galacticos — la J-League no funciona así — pero si aumentó la capacidad de retener talento y de competir en el mercado de transferencias con mayor agilidad. El departamento de scouting se profesionalizó, incorporando análisis de datos que antes simplemente no existian en la estructura del club.

Hay un detalle que siempre destacó cuando hablo de este tema: Mercari entendió que la ventaja competitiva de Kashima no estaba en el dinero — otros clubes como Vissel Kobe gastan mucho más — sino en la cultura. En lugar de intentar comprar éxito, invirtieron en potenciar lo que ya funcionaba. Reforzaron la cantera, mejoraron las instalaciones de entrenamiento, y respetaron la identidad competitiva que venia de la era Zico. Fue una modernización quirurgica, no una demolición.

La estrategia digital tuvo un efecto secundario importante: acercó a Kashima Antlers a una audiencia más joven y más urbana. El club siempre había tenido el handicap de estar ubicado en Kashima, una ciudad pequeña a hora y media de Tokio. Mercari uso la tecnología para reducir esa distancia, creando una comunidad digital que complementaba la base local de aficionados.

De la sequía de títulos al campeonato 2025

Tras ganar la AFC Champions League en 2018 — el último gran trofeo bajo la propiedad de Nippon Steel — Kashima entro en un período de sequía que duró hasta 2025. Nueve años sin un título de liga. Para un club acostumbrado a ganar, fue una travesía por el desierto. Hubo temporadas de lucha en media tabla, fichajes que no funcionaron, cambios de entrenador que no dieron frutos inmediatos. La paciencia de Mercari fue puesta a prueba en multiples ocasiones, y lo que más me impresiono fue que la empresa no cayó en la tentación del cortoplacismo.

Donde otros propietarios habrian despedido directivos y revolucionado la plantilla tras cada temporada decepcionante, Mercari mantuvo el rumbo. Confiaron en el proceso de reconstrucción, siguieron invirtiendo en la base del club y esperaron al momento adecuado para dar el salto de calidad en el banquillo.

La llegada de Toru Oniki como entrenador en 2024 fue el catalizador final. Oniki, que había ganado cuatro ligas con Kawasaki Frontale, trajo un sistema táctico maduro y una exigencia competitiva que encajaba perfectamente con la cultura del club. El propio Oniki lo resumió de forma elocuente tras ganar el título: los jugadores habian madurado mentalmente a lo largo de la temporada, asumiendo una responsabilidad con el club que les permitió no entrar en panico en los momentos decisivos.

El título de 2025 fue la culminación de un proceso que empezó con la compra de Mercari. No fue un éxito inmediato — la reestructuración llevo tiempo — pero cada pieza fue encajando: la inversión en infraestructura, la profesionalización del scouting, la llegada de Leo Ceara como goleador decisivo con 21 tantos, y la apuesta por Oniki como director técnico. El noveno campeonato de Kashima Antlers, que rompió una racha de nueve años sin título, fue el primer gran retorno tangible de la era Mercari.

Lo que más me interesa de este caso, como analista, es que demuestra algo que a menudo se olvida en el fútbol: la propiedad importa, pero no por la cantidad de dinero que aporta, sino por la calidad de la gestión. Mercari no gastó más que sus rivales directos. Gastó mejor. Entendió que Kashima Antlers es un club con un activo intangible extraordinario — su cultura ganadora — y se dedico a protegerlo y potenciarlo en lugar de sustituirlo.

El modelo Mercari-Kashima se ha convertido en un caso de estudio dentro de la historia de los campeones de la J-League. Es la prueba de que en el fútbol japonés, donde los presupuestos son más modestos que en Europa, la inteligencia estratégica puede ser más decisiva que la chequera.

¿Cuánto pago Mercari por Kashima Antlers?
Mercari adquirio el 61,6% de las acciones de Kashima Antlers en 2019 por 1 600 millones de yenes, equivalentes a aproximadamente 14,7 millones de dólares en ese momento.
¿Quién era el propietario anterior de Kashima Antlers?
Antes de Mercari, Kashima Antlers pertenecía a Nippon Steel Corporation (anteriormente Sumitomo Metal Industries). El club operó bajo propiedad siderúrgica desde su fundación hasta la venta en 2019.