Kawasaki Frontale: palmarés y la era dorada del equipo que dominó la J-League entre 2017 y 2021

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Cuatro títulos de liga en cinco temporadas. Cuando pongo esos números sobre la mesa, la mayoría de aficionados al fútbol europeo ni se inmutan — en la Premier League o en la Bundesliga, un club dominante puede hacer algo similar con frecuencia. Pero en la J-League, donde la competitividad entre clubes es feroz y los presupuestos relativamente equilibrados, lo que Kawasaki Frontale logró entre 2017 y 2021 fue extraordinario. Fue la irrupción más potente de un club no histórico en la era moderna del fútbol japonés.
He seguido la trayectoria de Kawasaki Frontale con especial interés porque representa algo que me fascina del fútbol japonés: la posibilidad de que un club sin pedigri histórico construya una dinastia basandose en ideas, no en dinero. Antes de 2017, Kawasaki no había ganado nunca la J-League. Hoy, con cuatro títulos, es el tercer club más laureado de Japón.
Cuatro títulos en cinco años: la hegemonía Kawasaki (2017-2021)
El primer título llegó en 2017 y fue una liberación. Kawasaki Frontale había sido el eterno candidato, el equipo que jugaba bien pero nunca cerraba el campeonato. Subcampeon en 2006, 2008, 2009 y 2017 parecía que iba a ser otro año de «casi». Pero esta vez, algo cambio. El equipo encontró la consistencia que le faltaba en las últimas jornadas y ganó su primera liga con un margen sólido.
Lo que vino después fue aun más impresionante. Campeón en 2018, con un fútbol ofensivo que establecía nuevos estándares de calidad en la J-League. En 2019 no pudo retener el título — Yokohama F. Marinos rompió la racha bajo Postecoglou — pero en 2020 y 2021 Kawasaki volvio a la cima con una autoridad aplastante. El título de 2020 llegó con un récord de puntos, goles y victorias que dejo a la competencia a distancia.
Lo que define la era Kawasaki, más allá de los trofeos, es la calidad del juego. He visto cientos de partidos de la J-League y puedo afirmar sin reservas que el Kawasaki de 2020 fue el mejor equipo que ha pisado un campo en Japón. La posesión no era un fin en si mismo — muchos equipos tienen posesión sin propósito — sino una herramienta para asfixiar al rival, arrinconarlo en su propia área y generar ocasiones con una frecuencia que resultaba agotadora para las defensas.
Los números de aquella temporada son extraordinarios incluso fuera del contexto japonés. Y lo consiguieron sin depender de una inversión millonaria en fichajes. El presupuesto de Kawasaki no figuraba entre los tres más altos de la liga. La diferencia estaba en el sistema, en la preparación física y en una cohesión táctica que solo se alcanza cuando un entrenador lleva años trabajando con un grupo estable de jugadores.
Toru Oniki fue el primer entrenador en la historia de la J-League en ganar el campeonato con dos clubes distintos, un dato que siempre me parece revelador. Dirigió a Kawasaki durante toda la era dorada y después llevo a Kashima Antlers al título en 2025. Pero su legado en Kawasaki es el de un arquitecto que construyó un equipo desde la identidad táctica: presión alta, posesión con verticalidad y una intensidad física que agotaba a los rivales.
Toru Oniki: el entrenador que marcó dos épocas en Kawasaki y Kashima
Cada vez que un periodista me pregunta por el mejor entrenador de la historia de la J-League, mi respuesta genera debate. Pero los números de Oniki son dificiles de discutir: cuatro títulos con Kawasaki, uno con Kashima, cinco en total. Es el técnico más laureado de la era moderna.
Lo que define a Oniki no es un sistema rigido sino una filosofía adaptable. En Kawasaki construyó un equipo que dominaba la posesión y asfixiaba a los rivales con pressing constante. Cuando llegó a Kashima, adapto su enfoque a una plantilla con características diferentes — más sólida defensivamente, más dependiente de transiciones rápidas — sin perder la esencia competitiva que lo define.
El propio Oniki describio su enfoque tras ganar el título con Kashima en 2025 diciendo que los jugadores habian crecido y asumido mayor responsabilidad con el club, lo que les permitió afrontar los momentos críticos sin dejarse llevar por la presión. Para un perfil más completó de su trayectoria, recomiendo el análisis detallado de su carrera.
Kawasaki tras Oniki: reconstrucción y desafios
La salida de Oniki dejo un vacio que Kawasaki Frontale aun esta intentando llenar. Es la realidad incomoda de las dinastias construidas alrededor de un entrenador: cuando el arquitecto se marcha, la estructura tiembla. Los dos últimos años han sido de transición, con resultados irregulares y una busqueda de identidad que contrasta con la claridad de la era dorada.
El desafio de Kawasaki es doble. Por un lado, varios jugadores clave del ciclo de Oniki alcanzaron su madurez y empezaron a declinar o se marcharon. Por otro, la J-League se ha vuelto más competitiva: clubes como Vissel Kobe, con su enorme presupuesto salarial, y Kashima Antlers, con su renovada ambición bajo la propiedad de Mercari, han elevado el liston.
Lo que me tranquiliza sobre el futuro de Kawasaki es que la era dorada dejo algo más que títulos: dejo infraestructura. La cantera del club se profesionalizó durante los años de éxito, las instalaciones de entrenamiento se modernizaron y la base de aficionados creció significativamente. Esos activos no desaparecen con un cambio de entrenador.
También hay que reconocer que la historia de la J-League está llena de clubes que han necesitado tiempo para recomponerse tras una era de éxito. Kashima Antlers paso nueve años sin ganar la liga después de 2016 y eventualmente volvio a la cima. El fútbol japonés recompensa la paciencia institucional, y Kawasaki tiene la estructura para sostener un período de transición sin desmoronarse.
Kawasaki Frontale demostró entre 2017 y 2021 que la J-League no es propiedad exclusiva de los clubes históricos. Que un equipo con visión, un entrenador brillante y una estructura sólida puede construir una hegemonía real. Esa lección queda, independientemente de lo que ocurra en los próximos años. Y los cuatro títulos que brillan en la vitrina de Todoroki son la prueba tangible de que fue posible.